17 feb. 2010

La película


Entretenidísima. Es una película de acción, pero no es otra película de acción. El secreto de su éxito está en los actores; un Holmes y un Watson bastante semejantes a los relatos originales y muy diferentes a la imagen que de ellos ha creado el cine, la cual ha configurado indeleblemente a la pareja en nuestra memoria. Holmes nunca llevó ese ridículo sombrero en las novelas. Y de esta manera, en vez de ser aquí Watson el médico algo rechoncho, inocente y torpe, el alivio cómico, en suma, nos encontraremos a un Jude Law agudo y sagaz, irónico y mordaz. No tanto como el propio Holmes, pero desde luego aquí no existe la oposición tan definida con que la narrativa del siglo XX ha dibujado al personaje. Aunque sí se hace hincapié en la disimulada estima que el detective siente por el médico.

Por su parte, Sherlock mantiene esa cosa deductiva, estirada y algo despreciativa con la condición humana, pero para nada es el larguirucho victoriano impertérrito, sino que aquí recupera su gusto por el boxeo y el movimiento. Aquí se le ve asímismo con corazón y traumas. Y muchos punchlines. Para decirlo más claramente, Downey está construyendo su propio personaje, el que le va a dar de comer en los últimos años de su vida, sin necesidad de cambiarlo, como ya lo hizo en su momento Anthony Hopkins y tantos otros. Así que este Holmes es un poco Ironman, chuleta y graciosillo. Con carisma que se dice.

Ya la primera escena nos deja más o menos claro que vamos a ver una versión del famoso detective bastante movida. Pistolas por aquí y por allá y una cosa graciosa que se repite alguna vez y que es el método analítico aplicado al pugilismo. Si le pego por aquí responderá por allá y entonces yo le meteré pero bien por acullá. Porque este Holmes pega unas yoyas que da gloria verlo. Quizás eso será lo que más reviente a los pseudo-puristas porque el original tampoco estaba manco.

La trama, muy bien construida, juega con los tópicos que se le suponen a la época y eso es algo que place enormemente porque se ve esmero en el guión. Mucha magia negra, tema muy de la época (incluso el autor original estuvo metido en rollos espiritistas), resabios industriales y por supuesto proyección al futuro con anticipación de lo que se va a ver en el siguiente siglo. Y unos diálogos buenísimos, muy finos, rápidos, ingeniosos, lo suficientemente elegantes como para casi pasar desapercibidos pero contribuir a lo notable del filme.

Como no podía ser menos, el director se recrea mostrando Londres, porque el mundo anglosajón es muy de ensalzar sus ciudades y París, y actualiza el carácter inglés dejándolo a medio camino entre el estereotipo conocido y una versión algo más movidilla. Los decorados, "dibujados", son estupendos y están aprovechados de maravilla con una dirección ágil pero consciente. Rachel McAdams, como "Irene Adler", "la mujer", es muy mona y resuelve bien y ya les vamos avisando de que en la secuela a lo mejor se deja caer por ahí Brad Pitt como Moriarty. Muy entretenida, con ritmo y gracia. Cuánto queremos a Doyle.

16 feb. 2010

Las fuentes


Puede que, en broma o en serio, muchas personas durante largo tiempo enviaban cartas dirigidas a Mr. Sherlock Holmes al número 221 bis de Baker Street. La gran afición por las novelas escritas por Sir Arthur Conan Doyle suscitó que se diera ese fenómeno.
Pero, evidentemente, el detective fue concebido por la imaginación de su creador. Aunque, el personaje, está basado en una persona real llamada Joseph Bell, un médico de enfermería de Edimburgo. Según la propia descripción de Conan Doyle, el médico que también ejercía la docencia era: "delgado, nervudo, de cabello negro, rostro afilado y nariz poderosa". Bell era un cirujano habilidoso que destacaba por los acertados diagnósticos que realizaba. Conan Doyle fue alumno suyo y ayudante en la atención a sus pacientes. Doyle se encargaba de dar la hora de cita y hacer un resumen del caso concreto. Dichos casos se trasladaban a clases prácticas observadas por un buen número de alumnos. Cuando Doyle le comunicó a su profesor la intención de crear al literario detective basándose en su capacidad deductiva, Bell quedó encantado con la idea. Incluso prestó ideas que, al parecer, el escritor no llevó a la práctica. Conan Doyle también tomó como base de inspiración al investigador Dupin, de Edgar Allan Poe. Antes de llamarle Sherlock Holmes, barajó otros nombres como Sherringford, pero prefirió Sherlock que era "un nombre afilado como la hoja de un cuchillo".

10 feb. 2010

Estudio en escarlata


En 1887, Arthur Conan Doyle dio comienzo a una de las sociedades más raras y productivas de la literatura con la novela Estudio en escarlata. Uno de los protagonistas, Sherlock Holmesl muestra una extraña conducta ; Parece ignorar los ritmos y cortesías de las relaciones sociales normales; no conversa, sino que pontifica. Sus conocimientos e intereses son profundos pero escasos. Tiene una peculiar "sangre fría", lo que tal vez sea la causa de que también esté solo en el mundo. No tiene más amigos que el extremadamente tolerante Watson. Un hermano, aún más raro y aislado que él, es su única familia. ¿Arthur Conan Doyle expuso algún tipo de enfermedad mental o de trastorno de personalidad genético que había observado o Holmes era sólo un personaje interesante que creó de la nada?

Estudio en escarlata


Conan Doyle estudió medicina en la Universidad de Edimburgo, que en ese entonces era una de las facultades médicas más prestigiosas del mundo. Tenía un ojo avezado para detectar las sutiles manifestaciones de la enfermedad, y sus relatos están llenos de descripciones médicas de gran precisión. El alcoholismo de un hombre que gozaba antes de buena salud se ve en el "toque rojo en la nariz y las mejillas", en "el leve temblor de la mano extendida". En otro relato, las contorsiones de un cuerpo –los miembros "retorcidos de la forma más fantástica", los músculos "duros como una tabla (...), que excedían en mucho el rigor mortis habitual"– le permiten a Watson (y a sus lectores médicos) diagnosticar un envenenamiento por estricnina.
Se estima que Conan Doyle fue uno de los primeros en describir una enfermedad heredada que ahora se conoce con el nombre de síndrome de Marfán. El síndrome, que apareció por primera vez en la literatura médica en 1896 gracias al pediatra francés Antoine Marfán, se caracteriza por una estructura física alta y delgada, problemas oculares y tendencia a desarrollar aneurismas de aorta a temprana edad. La ruptura del vaso dilatado que transporta la sangre del corazón al resto del organismo es la causa de muerte más común entre quienes padecen ese trastorno, y hasta hace poco, pocos enfermos vivían más allá de los cuarenta años. Se describe a Jefferson Hope, el asesino vengador de Estudio en escarlata como un hombre alto de treinta y tantos años que mata a quienes responsabiliza de la muerte de la mujer que amaba. Cuando por fin lo detienen, le pide a Watson que le ponga la mano en el pecho. Watson señala que tomó "conciencia de inmediato de las pulsaciones y la conmoción extraordinarias que había en su interior. La caja torácica parecía agitarse y temblar como lo haría una construcción débil al ponerse en marcha un motor poderoso. En el silencio de la habitación oía un zumbido sordo que procedía de la misma fuente". Watson sabe al instante lo que significa eso. "¡Usted tiene un aneurisma de aorta!"

Estudio en escarlata



Al retratar a Holmes, Conan Doyle ha plasmado un síndrome psiquiátrico familiar hasta entonces desconocido; un trastorno bipolar o una forma leve de autismo que suele denominarse síndrome de Asperger. El pediatra austríaco Hans Asperger informó en la literatura médica sobre ese trastorno en 1944. Describió a cuatro chicos brillantes y coherentes que tenían graves problemas de interacción social y tendían a concentrarse de forma muy intensa en determinados objetos o temas. El trabajo de Asperger languideció en las sombras durante más de cuarenta años, pero para 1994 el síndrome de Asperger formaba parte del léxico psiquiátrico oficial.
¿Es posible que Conan Doyle haya descrito el síndrome unos setenta años antes que Asperger? Según Ami Klin, director del programa de autismo del Centro de Estudios Infantiles de Yale, que forma parte de la facultad de medicina, la principal característica que define todas las formas de autismo es la "ceguera mental", la dificultad para entender lo que los demás sienten o piensan y, por lo tanto, para relacionarse. Ignorantes de cómo los ven los otros, quienes padecen el síndrome de Asperger a menudo tienen un comportamiento extraño y tienden a desarrollar un vasto conocimiento de temas muy puntuales.
En el retrato que pinta Conan Doyle, Holmes presenta por momentos todas esas características. Su interacción con los demás suele ser directa hasta el punto de la descortesía. Incluso cuando le habla a Watson, su mejor amigo, los elogios que le dedica suelen rayar en el insulto. En El mastín de los Baskerville, cuando Watson, complacido con sus propias habilidades detectivescas, le informa a Holmes sobre los resultados de su investigación, éste le dice que no es una fuente de luz sino un conductor de luz, un mero ayudante.
En cuanto a sus intereses, Holmes se jacta con frecuencia de sus minuciosos conocimientos de todo tipo de fenómenos extraños. Se dice que escribió un estudio sobre las diferencias entre ciento cuarenta tipos de ceniza de cigarros, pipas y cigarrillos. Es un ejemplo de lo que Asperger llamaba "inteligencia autista", la capacidad de ver el mundo desde una perspectiva muy diferente a la de la mayor parte de la gente, concentrándose a menudo en detalles que los demás obvian. Holmes se ufana de poder percibir la importancia de nimiedades y lo llama "método".

Sherlock


2 feb. 2010

UN FRANCO, 14 PESETAS


Hoy hemos acabado de ver esta película. Nos ha servido para:

- Ver el contraste entre el país de origen de los emigrantes y el lugar adonde van a trabajar: España estaba más atrasada en los años 60 que Suiza.
- Entender lo dura que es la emigración, ya que supone un alejamiento de la familia: al hijo de Martín, que ha crecido en Suiza, ya no le cuesta vivir allí.
- Ser conscientes de la importancia de conocer otras lenguas: Martín y su amigo cuando llegan a Suiza no entienden nada.

Un gran mérito de la película es la capacidad de mezclar un tema tan serio como la inmigración con ciertas dosis de humor.
Alba, María, Daniela y Vinicius.