21 mar. 2011

INGENIO Y HUMOR SIEMPRE PRESENTES EN JARDIEL PONCELA

Ahora que estamos acabando en el grupo de 3º ESO la lectura de una novela de Jardiel, aprovechamos para subrayar su inmensa originalidad en el manejo del humor: realmente debe ser considerado un maestro en el arte de crear situaciones absurdas. Quisiéramos dejaros aquí una pequeña muestra de su buen hacer literario: fijaos en que además de crear una situación sorprendente, por ilógica, escribe este pequeño relato sin emplear ni una sola vez la vocal E.



Un otoño -muchos años atrás- cuando más olían las rosas y mayor sombra daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón Camomila: la furia matrimonial

- ¡Hay un matrimonio próximo, pollos! -advirtió como saludo a su amigo Manolo Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más íntimos.
- ¿Un matrimonio?
-  Un matrimonio, sí -corroboró Ramón
- ¿Tuyo?

- Mío.

- ¿Con una muchacha?

- Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?

- ¿Y cuándo ocurrirá la cosa?

- Lo ignoro.

- ¿Cómo?

- No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla...

Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.

A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda, algo sosa, algo rica y algo beep; hija única y suscriptora contumaz a La moda y la casa (publicación para muchachas sin novio).
Y al año, todos los amigos fuimos a la boda. ¡La boda! ¡Bah!... Una boda como todas las bodas: galas blancas, azahar por todos lados, alfombras, música sacra, bimbas, sonrisas, codazos, almohadón para hincar las rodillas los novios y para hincar las rodillas los padrinos; lunch, sandwichs duros como un fiscal...
Al onzavo sandwich hubo una fuga súbita por la sacristía y un auto pasó raudo, y unos gritos brotaron:
- ¡Adiós! ¡Adiós! ¡Vivan los novios! ¡Vivaaan

Y los amigos cogimos otro sandwich -dozavo- y otra copita.

Y allí acabó la cosa.
Mas, para Ramón Camomila, la cosa no había acabado allí...
Al contrario: allí daba principio.
Y al subir con su novia al auto fugitivo, vio claro, vio clarísimo: ni amaba a Silvia, ni notaba inclinación ninguna al matrimonio, ni sintió su alma con la vocación más mínima por construir un hogar dichoso.
- ¡Soy un beep! -murmuró Ramón-. No valgo para marido, y lo noto cuando ya soy ciudadano casado...
Y corroboró rabioso:
- ¡Soy un beep!
Silvia, arrinconada junto a Ramón, bajaba los ojos con rubor, y al bajar los ojos subía dos mil grados la rabia masculina.
- ¡Dios mío! -gruñía Ramón mirándola-. ¡Casado! ¡Casado con una niña insulsa como unas natillas!...
No hay ya salvación para mí..., ¡no la hay!
Incapaz para dominar su irritación, dirigió unas palabras durísimas a Silvia.
- ¡Prohibido fingir rubor y mirar a la alfombra! -gritó.
(Silvia miró al parabrisas con infantil docilidad).
Y Ramón añadió para su sayo, alumbrado por una brusca solución:
- Voy a lograr su odio. Voy a obligarla a suplicar un divorcio rápido. Poco valgo si no logro inspirarla asco con cuatro o cinco burradas a cual más disparatada...


Y tal solución tranquilizó mucho a su alma.
Por lo pronto, al subir a la fotografía (visita clásica tras una boda), Ramón hizo la burrada inicial.
Un fotógrafo modoso y finísimo abordó a Ramón y a Silvia.
- Grupo nupcial, ¿no? -indagó.
- Sí -dijo Ramón.
Y añadió:
- Con una variación.
- ¿Cuál?
- La sustitución más original vista hasta ahora... Novio por fotógrafo. Hoy hago yo la foto... ¡Viva la originalidad!
Y Ramón aproximó la máquina y advirtió al asombrado fotógrafo:
- ¡Vamos! Coja por la mano a la novia y sonría con ilusión: La cara más alta... ¡Cuidado! ¡Así!... ¡Ya!
Ramón tiró la placa, y a continuación obligó al pago al fotógrafo; guardó los duros y salió con Silvia orondo y dichoso.
- ¡Al auto! -mandó.
(Silvia ahora iba llorando.)
- ¡La cosa marcha! -susurró Ramón.
Al otro día trasladaban sus organismos a Irún. (Lo clásico, asimismo, tras una boda.)
Ramón no quiso subir al vagón con Silvia.
- Yo viajo con los maquinistas -anunció-. Voy a la locomotora... ¡Hasta la vista!
Y subió a la locomotora, y ocupó su actividad ayudando a partir carbón. Al arribar a Irún había adquirido un magnífico color antracita.
Ya allí, compró sus harapos a un sordomudo andrajoso, vistió los harapos y marchó a la fonda a buscar a Silvia.
Y tocado con las ropas andrajosas anduvo por Irún, acompañando a Silvia y cogido a su brazo mórbido y distinguido.
Nutrido público los miraba al pasar, asombrado.
Silvia sufría cada día más.
- ¡La cosa marcha! ¡La cosa marcha! -murmuraba todavía Ramón. Pronto rogará Silvia un divorcio total. Sigamos las burradas. Sigamos con la droga antimatrimonial, multiplicando la dosis.
Ramón vistió a continuación sus fracs más maravillosos, y al pisar un salón, un dancing u otro lugar público acompañado por Silvia, imitaba a los criados, y con un paño al brazo acudía solícito a todas las llamadas.
Una mañana pintó sus párpados con barniz rojo.
Por fin lo trasladaron al manicomio.
Y Ramón asistió a su propia dicha: su contrato matrimonial yacía roto y vivía imposibilitado para otra boda con otra Silvia...





3 mar. 2011

EL TRUEQUE

Ai, dona Emilia
tennos máis que enganchadas!
Acabamos de ler El trueque, onde un pobre home vai perder o lugar onde vive coa súa filla, viúva e que acaba de ter un meniño, por non ter cartos para pagar a renda. Suplícalle axuda ao amo, que mostra un noxento desinterese cara ao pobre home. Cando volta para a súa casa ve á ama de cría que coida o neno do amo. Ofrécese a levarlle o rapaciño ata a súa casa mentres ela conversa co seu home. Cando a ama vai, ó cabo de media hora, recollelo, ten a sensación de que a criatura enfraqueceu. Imaxinacións dela? Non: marcha co rapaz sen saber que o que leva alí, apertado contra ela, é o neto do pobre labrego, que xa non voltará a pasar fame. O fillo do señorito... terá un futuro que nunca poido imaxinar... Que retrato da pobreza e da miseria do espíritu humano. Sentimos a mensaxe como algo lonxano? Pois, tristemente, NON.

CONOCIENTO A JARDIEL PONCELA... QUE NO ES POCO

Los Fendetestas de 3º de ESO estamos disfrutando con una de las obras de Jardiel Poncela. Curioso escritor... y de agradable lectura. Nos gustaría que su humor fuese más conocido... He aquí un trozo de su biografía,extraído del Centro Virtual Cervantes, tan interesante como su obra.
Según indica el mismo Jardiel, lo escribió, en verso, para el álbum «de una de esas señoritas que coleccionan autógrafos de escritores, sin caer en la cuenta de que les sería más útil coleccionar autógrafos de cuentarrentistas del Banco de España.». Los versos unen sinceridad, desenfado y augurios que habrían de cumplirse: Retrato al pastel (de hojaldre) Nací armando el jaleo propio de esas escenas; me bautizó la Iglesia con arreglo a sus ritos, y Aragón y Castilla circulan por mis venas convertidos en rojo caldo de eritrocitos. ¿Cuál de las dos regiones pesa en mi corazón? Es difícil hallar la clave del misterio... Tal vez pesa Castilla cuando me pongo serio, y cuando estoy alegre, tal vez pesa Aragón. A semejanza de otras diversas criaturas, me eduqué en el temor del Dios de las Alturas; pero perdí el temor —o la fe— que es lo mismo, cuando, en años después, practiqué el alpinismo. Escribo, porque nunca he encontrado un remedio mejor que el escribir para ahuyentar el tedio, y en las agudas crisis que jalonan mi vida siempre empleé la pluma como un insecticida. Fuera de las cuartillas, no sé de otro nirvana. No me importa la gloria, esa vil cortesana que besa igual a todos: Lindbergh, Charlot, Beethoven... Y no he ahorrado nunca, pensando en el mañana, porque estoy persuadido de que he de morir joven. Y acertó. Porque murió a los cincuenta años, joven pues, sobre todo si se tiene en cuenta la duración actual de las existencias humanas. Y pobre, muy pobre, después de haber trabajado mucho, y de haber ganado dinero, considerable dinero en algunas etapas de su vida. Una vez más, se cumplió el sino de tantos escritores auténticos, que mueren a solas con su pobreza, y su dignidad, como único patrimonio. Nada que tenga que ver con los currinches y aprovechados de la literatura, tan abundantes ahora, menesterosos de popularidad y dinero, sobre todo de este último, no importa con qué artes —malas artes— se consigan.